
La palabra sicario es fuerte. Genera temor, y no es para menos. En Argentina, los casos de violencia extrema con jóvenes involucrados, muchas veces ligados al narcotráfico, vienen en aumento. Los medios repiten el término «sicarios argentinos» una y otra vez. Las redes sociales lo viralizan. Pero mucha gente aún no tiene claro qué significa o por qué se ha vuelto tan común. Acá lo explicamos de forma simple, con ejemplos reales y sin vueltas.
¿Qué hace un sicario?
Un sicario comete homicidio contra otra persona por encargo. Lo hace por dinero. No actúa por odio ni por impulso. Alguien le da una orden específica –que en derecho se conoce como el autor intelectual– le paga, y el autor material la ejecuta. Eso lo diferencia de un asesino común. La motivación económica y el hecho de que alguien más le indique a quién eliminar forman parte de su definición.
Si buscamos qué es un sicario según la RAE (Real Academia Española), encontramos que se trata de una “persona que asesina a sueldo”. Así de concreto. La definición deja claro que hay un pago de por medio y que la acción está premeditada.
En muchos casos, los sicarios argentinos reciben encargos dentro de disputas entre bandas narco. Otras veces, eliminan a testigos. También intervienen en venganzas o ajustes de cuentas. Todo depende del contexto, pero el patrón se repite: cometen homicidio porque alguien les ha pagado para hacerlo.
¿Por qué en Argentina se escucha hablar de sicarios últimamente?
Hace 15 años, los sicarios argentinos eran algo prácticamente inexistente en la mente de las personas. Decir sicario sonaba más a ficción. Esa palabra aparecía más en historias de México o Colombia. Pero hoy la realidad cambió. Rosario, por ejemplo, vive una ola de violencia asociada a bandas que contratan jóvenes como sicarios. Algunos tienen 14 o 15 años. Muchos ni terminan la secundaria. No saben cómo manejar un arma, pero la consiguen igual. Y alguien los manda a cometer estos atroces crímenes.
En muchas villas y barrios humildes, algunos chicos crecen viendo el crimen como una salida económica. Viven rodeados de violencia, y cuando alguien les ofrece dinero rápido por “hacer un trabajo”, lo toman sin medir sus consecuencias. Las redes sociales influyen mucho también. Mostrar armas, dinero o fama se volvió parte de una falsa cultura que seduce con falsas promesas.
Este fenómeno crece porque hay pobreza, hay armas y hay impunidad. El sistema judicial está ante una crisis que creció muy velozmente, más de lo que se tenía previsto. Además, las bandas narco buscan a chicos cada vez más jóvenes porque saben que los jueces no los pueden condenar, por ley, igual que a un adulto. Entonces, la combinación de estos factores lamentables le facilita los crímenes a muchos delincuentes: adolescentes sin un futuro claro, bandas que los reclutan, y un Estado que no ha podido actuar acorde a la violencia.
¿Es lo mismo que una película o serie de narcos?
Las películas y series nos vendieron una imagen irreal de los sicarios. En pantalla, suelen aparecer como tipos fríos, inteligentes, vestidos de negro. En la vida real, el sicariato en Argentina muestra otra cara.
Un pibe que entra a este mundo muchas veces no entiende del todo en qué se mete. No cobra millones. A veces le pagan con drogas o con plata suficiente para un celular nuevo. Tampoco tiene entrenamiento ni respaldo. Lo mandan, cumple el encargo, y después queda solo. Si lo atrapan, nadie lo defiende. Si se equivoca, corre riesgo su vida.
El sicariato es un fenómeno social con dinámicas complicadas y cíclicas
Ahí es donde se entiende la diferencia entre ficción y realidad. Acá el sicariato no es glamour, es tragedia social. Es un chico con una moto, un arma y una dirección. A veces ni conoce a la víctima. A veces ni llega a saber por qué lo mandaron.
Cuando preguntás ¿cuál es el significado del sicariato?, te encontrás con algo más que una definición de diccionario. El sicariato es una práctica criminal en la que alguien encarga un asesinato, alguien lo ejecuta y una vida termina por una transacción. Cuando ocurre esa cadena, hablamos de sicariato.
Así funciona esta dinámica que intercepta dimensiones sociales, políticas y culturales. Social porque afecta poblaciones que han sido marginadas, políticas porque el poder público, en este caso tiene que ver cómo actualizar sus leyes para el caso de los delitos de menores de edad, y los jueces tienen que tomar decisiones de condenas teniendo en cuenta estos factores. Cultural porque las bandas criminales se han convertido en una salida para obtener dinero.
¿Cuál es la diferencia entre un sicario y un asesino?
Un asesino puede llegar a asesinar por impulso, por celos, por odio. Lo hace porque quiere, no porque alguien se lo pidió. En cambio, un sicario o matón recibe una orden y la cumple a cambio de dinero. Esa diferencia explica los rasgos psicológicos de cada uno.
Pero los sicarios argentinos no siempre conocen a su víctima. No necesitan un motivo personal. Solo necesitan que alguien les pague y les diga quién es el objetivo. En ese sentido, actúan como prestadores de un “servicio”. Una empresa del crimen.
La figura del sicariato gana fuerza cuando existe un entorno donde ese tipo de encargos se vuelven comunes. Y en algunas partes de Argentina, como Rosario, esa realidad ya está instalada. Por eso es tan importante entender la diferencia. No todo asesino es un sicario, pero todo sicario es un asesino con contrato.
Un crimen, ¿cuándo es considerado sicariato?
En Argentina, el sicariato (cuando alguien mata a otra persona a cambio de dinero) no tiene un nombre propio en la ley, pero sí está duramente castigado.
Según el Artículo 80 del Código Penal Argentino, si una persona mata a otra “por precio o promesa de pago”, o si los sicarios argentinos son atrapados, se considera homicidio agravado y se le aplica prisión perpetua. Esto vale tanto para quien comete el asesinato como para quien lo encarga o paga por él.